No hay una prohibición, pero cuesta leer tu propia historia
Puedes leerte el tarot. En mi práctica no existe una regla que obligue a poner la baraja en manos de otra persona. Aun así, interpretar tu situación puede ser más difícil que leer para alguien más.
La dificultad no es un castigo por infringir una prohibición, sino la implicación emocional. Cuando una lectura toca tus sentimientos, miedos o conflictos dolorosos, cuesta tomar distancia. Quizá quieras ver un final feliz, justificar lo que hiciste o confirmar tus peores temores.
El verdadero reto es verte desde fuera
Una persona puede interpretar sinceramente las imágenes y no advertir cómo las emociones influyen en la conclusión. Valorar críticamente nuestra conducta es especialmente difícil: sabemos qué pretendíamos, pero quizá no veamos cómo lo percibieron los demás.
Ayuda escribir antes la pregunta y las posiciones y mantenerlas sin cambios. Después de sacar las cartas, separa tres cosas: lo que ocurrió realmente, lo que solo supones y lo que las cartas te hicieron considerar. La distinción no elimina los sesgos, pero ayuda a un proceso más reflexivo.
Reconoce cuándo detenerte
Si sacas cartas repetidamente sobre la misma persona, buscas tranquilidad o cada lectura aumenta tu angustia, es motivo para guardar la baraja un tiempo. No les debes a las cartas un interrogatorio interminable.
En una situación emocionalmente intensa, la perspectiva de alguien de confianza o una conversación directa con las personas implicadas puede ayudar más. Puedes leerte el tarot; no tienes obligación de entregar tu criterio a la lectura.
A continuación: Con qué frecuencia leer el tarot